Las voces que hablan en mi cabeza son ruidosas y creativas, movidas por diferentes vibras, resuenan mas o menos en la situación del momento, son dos: el artista y el observador. El artista es brillante y habla ahora, se sacia de las horas de silencio y buena soledad, llora en el cine y lo oculta al terminar la función, bebe te para relajarse, retrata los paisajes, lee desaforadamente y es su propio dios, le gusta la música clásica y comparte ideas con Bukowski, es bueno y rápido, genio sin igual, más callado y austero, aún no llega a su esplendor.
El observador por otro lado, es solo eso, un vigilante taciturno qué pasa con el tiempo, viviendo su rutina, solo en espera de muerte, con problemas y depresión, mi pobre amigo no tiene ni un melón, solo un colchón inflable, metas, falta de ideas y amor sin receptor, cada día es entretenido, sufrido y almacenado por igual.
La rutina y el legado que dejan será olvidado pero bueno es todo lo que hay.

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